lunes, 15 de octubre de 2018

XII edición de Relatos en Cadena. Octubre. Espisodio II.


Lo que esta mañana se había supuesto una gran alegría, esta tarde se ha convertido en una enorme decepción. No quiero darle más importancia, todos podemos equivocarnos, pero mentiría si no dijera que a medida que ha ido avanzando la tarde me he ido viniendo abajo. Creo que la mayoría ponemos mucho en esto y sé, como sabéis muchos de vosotros, lo que supone la llamada de la Ventana. La verdad es que no tenía demasiadas esperanzas, porque aunque los micros me gustaban, no me parecían del tipo que suele escoger en REC. Quiero pasar página y hablar de este incidente lo menos posible. 
Esta semana tampoco he cumplido lo prometido, solo dos micros, esto es más complicado de lo que parece. Hoy se ha llevado el gato al agua Sofia de Encarnación Fernández con El otro lado. Han sido también finalistas Vicente Suárez de Góngora con Migraciones y Christian Fernández Alonso con Estigmas. No tengo muchas ganas de decantarme hoy, pero este micro que, de alguna manera, sustituía al mío, me ha parecido bastante divertido. 
Decir que tanto Manu de la Cadena SER, como Javier Sagarna, me han llamado para disculparse. Agradezco y valoro el detalle.
Comparto el micro fantasma, el que esperaba oír por las ondas y nunca escuché, apoyado en esta fantástica fotografía de Lissy Elle.

Estigmas

Tan misteriosamente como apareció, se cierra. Deja sin embargo un rastro de sangre que corre por la mano de la chica, un reguero que nace de la nada y busca, en connivencia con las leyes de gravitación universal, alcanzar el suelo. Una gota motriz dilata el hilo rojo hasta que muere engullida por la gasa, recién estrenada, blanca, virginal. El agua del grifo arrastra lo que queda, aunque un tono púrpura ilumina todavía la piel donde estuvo la herida. La niña calla y se aísla en el baño, no quiere más testigos, ni que otra vez la señalen con el dedo.


Lissy Elle

Y el otro, que también ocupa un lugar en mi corazoncito...

¿Quién es el asesino?

Tan misteriosamente como apareció, se cierra a cal y canto. Ni su guardia personal, ni la policía nacional, ni todo el ejército son capaces de volver a abrirlo. Tras una consulta previa con la red mundial de bibliotecas y con los miembros de la Real Academia, se concluye que no existen más copias de esa novela que, desde la biblioteca de Palacio, llamó la atención del Presidente. Tras localizar al autor en una institución de las afueras, el Servicio de Inteligencia, en los sótanos de sus dependencias, incapaz de arrancarle el final de su deteriorada memoria, aviva la desazón del mandatario.

Esta es la frase para esta semana:

Como un enjambre después de recibir la pedrada de un niño...

domingo, 14 de octubre de 2018

Viernes Creativo. Elizabeth Opalenik II.


No sé por qué esta foto de Elizabeth Opalenik, que nos propone Ana Vidal  para este viernes, me ha sugerido esta historia de repúblicas bananeras, de opresión y rebeldía. Lo cierto es que he escrito otra antes y la he mandado al concurso de la Microbibliteca, espero que haya suerte, veremos. El caso es que me gusta, creo que la repetición de la frase fetiche le da cierto ritmo, aunque el final quizá llegué un poco atropellado y desdibuje un poco la intención. He intentado avanzar desde lo cotidiano a lo excepcional, pero tampoco quería extenderme demasiado, por lo que es posible que me haya saltado algún paso y el final se nos venga encima de repente. Ya me diréis si opináis como yo, o si he sido demasiado generoso juzgándome. La imagen como ya sabéis en de Elizabeth Opalenik.

Elizabeth Opalenik

Estado de excepción
Nos vigilan desde el límite de la arboleda, desde la atalaya del cerro sur, desde sus lanchas de guardabosques que patrullan día y noche. Lo saben todo de nosotros. Saben lo de Nakawe, la de los Quirán, con el chico de los Acha. Saben que Surem se muere sin remedio, que sus hijos pasan hambre, y que su mujer, Huilén, duerme en la cama del vicario. Saben que Yacú, el pescador de anguilas, esconde en una lata las pepitas de oro que recoge en el margen del estero. Saben que la lluvia atraviesa los tejados y que el viento apaga las hogueras que nos calientan en invierno. Saben que blasfemamos en secreto y que nos reunimos la noche de los martes en el hogar de caña. Saben que guardamos armas en el sotabanco y quien nos las ha proporcionado. Lo saben todo de nosotros. Saben hasta el día en que está programada la revuelta y lo que harán después con los cadáveres de los insurrectos. Lo saben desde hace tiempo. Como sabemos nosotros que ya no hay marcha atrás.

viernes, 12 de octubre de 2018

Esta Noche Te Cuento. Benoit Courti.


Al contemplar esta imagen de Benoit Courti por primera vez, muchas ideas de repente se atropellaron en mi cabeza. Lo primero que llama la atención es el agua, por lo que tuve claro desde el principio que tendría que estar presente en el relato. Sin embargo fueron los pies, esos pies blancos y pequeños los que empezaron a hurgar y hurgar en mi imaginación, hasta sacar a flote esta secreta fantasía que me ronda desde hace tanto y que pude realizar por fin, aunque fuera en el papel. No es del todo inocente pues, que el relato esté contado en primera persona. Esto fue por el mes de mayo, junio con las vacaciones casi a la vista y el calor avivando nuestras mentes. Espero que os guste.


























Ashiatsu
 


Clava sus pies en mi espalda marchita. Un erial de piel ceniza que se contrae a cada paso. Carne de arena que se abre separada por dedos de diamante. Marca sus huellas en mis huesos de cristal. Cruje el hedor del miedo con el peso dormido de la culpa. Un rastro de pisadas que se pierde en las nalgas delgadas del viejo en el que habito. Baila sobre el mar de sal y kril que embate mis costillas. Tendus, demi plié, grand plié con sus plantas palmeadas, con sus alas de cisne, con la voz rotunda de quien lleva la muerte pegada a los talones. Nunca hablamos ni para ajustar el precio. Camina, baila, salta. Exhala el grito ancestral que aprendió de sus demonios, que transciende de su cuerpo de pez exiguo y abisal, que traspasa los muros transparentes de Pompeya. Arde el niño que me queda entre las piernas. Deja escapar lágrimas calientes, la lava de azúcar que dormita en el pozo del olvido. Polvo fósil, sangre estancada en las acequias del tiempo. El mar, otra vez, en el hueco almohadillado de una cama plegable de masajes. Vale lo que pide. Sin reproches. Hasta que vuelva la próxima semana.

Aunque no quedé descontento con el micro, es verdad que pensaba que era un micro que no iba a llegar a los lectores o al jurado, y que pasaría sin pena ni gloria por ENTC, sin embargo me llevé la grata sorpresa de que irá en el libro del 2018, junto a los micros de dos excelentes escritoras como Ana Fúster y Mar Horno.








lunes, 8 de octubre de 2018

XII edición de Relatos en Cadena. Octubre. Espisodio I

Esta semana he podido cumplir con los tres micros prometidos, sin duda porque ha sido una semana doble, pero tengo muy mal pronóstico para la semana que viene, además del poco tiempo del que voy a disponer, la frase no me motiva nada y tiene una construcción,  a mi entender, bastante compleja. Es la frase que nos ha dejado la ganadora de la cuarta semana, María Antonia Ramos Prada, La otra dimensión, enhorabuena María Antonia. Y felicidades también a los otros dos finalistas, Salvador Terceño, con La franja cobriza y Marta Currás, con Optimizando el método. Me ha gustado mucho el de Salvador Terceño y, si soy franco, los otros dos no he terminado de entenderlos. Culpa mía sin duda.
Para ilustrar el primero de los micros he elegido una imagen de la maravillosa fotógrafa Niki Boon.


Apagafuegos
Comienzan a acumularse en la superficie del planeta lenguas de fuego. Las hay de todos los tamaños. Algunas son enormes fogonazos que rompen la paz nocturna, como la estela de un tomahaw recién lanzado. Otras, pequeñas como llamas de mechero, iluminan la negrura opaca de los sueños. Las hay tan diminutas, que se puede jugar con ellas sin quemarse, o soplarlas al viento como vilanos de dientes de león que se posen en las carnes rotundas del deseo. Todavía nadie sabe el origen de esta plaga ni que, en un garaje remoto de la ciudad del olvido, existe una persona capaz de sofocar mi corazón en llamas.
Imagen de Niki Boon


Invasores
Comienzan a acumularse en la superficie del planeta. Nos miran con sus enormes ojos de búho entristecido. Su aspecto humano nos confunde. Las hembras son hermosas y un poso de dulzura emana del gesto que mantienen impasibles. Desde la base del Sistema advierten que no se les moleste, que se respete su quietud allá donde aparezcan. Sorprende la pureza marmórea de su piel, su completa desnudez, el encanto irresistible que ejerce su sexo sobre el deseo reprimido que impera en nuestro mundo. Su olor se vuelve irresistible cada noche y en penumbra, cuando pensamos que todos los demás están dormidos, saciamos a escondidas su apetito.
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Inquietud
Comienzan a acumularse en el planeta versos adolescentes. Escapan de diarios secretos, de servilletas de papel, de cuadernos de notas, de la anteportada de libros dedicados. Algunos saltan de las cabezas de sus creadores, incluso antes de ser escritos, y ocupan las calles como milicianos que asalten una ciudad rendida. Se respira un viento lírico que acalora los sentidos y agita los corazones más exhaustos. La pátina de miel que cubre las aceras, contrasta con las tormentas de rebeldía que oscurecen el cielo de repente, La lluvia barre ramblas y avenidas, y arrastra, hasta más allá de los suburbios, el germen insurrecto del lenguaje.
La frase para la semana que viene:
Tan misteriosamente como apareció, se cierra...

domingo, 7 de octubre de 2018

Esta Noche Te Cuento. Annie Leibovitz.


Esta fotografía que hizo Annie Leibovitz de Cate Blanchet, es el detonante para los relatos que  propuso ENTC para el mes de mayo pasado. Me gustó inventar una historia sobre el retrato de esta excelente actriz, quizá no estuve demasiado sembrado, quizá caminé por lugares demasiado comunes, quizá por eso no obtuve ni un solo comentario. El caso es que a mí, el relato, me dejó satisfecho, al menos en parte. Nunca te quedas del todo conforme con ninguno de tus relatos. A mí al menos así me pasa. 






































La puerta de atrás 

Antes de que salga el marmitón, Cate ensaya sus mejores muecas, como había aprendido en The sistem, la academia de interpretación en la que estudiaba el método Stanislavsky, cuando todavía podía pagarla. Consciente de que su actuación no provocará ningún aplauso ni levantará a los espectadores de sus asientos, concentra sus esfuerzos en ablandar el corazón del aprendiz de turno. De ello depende que tenga que hurgar en los contenedores, como todos los demás, o que le hagan pasar a la parte de atrás de la cocina. Cada gesto, cada movimiento, cada ademán está preparado, con el esmero de una prima donna, para provocar la compasión de su ínfimo auditorio. Hasta el último puchero una vez dentro, con el hambre satisfecha y la autoestima a punto de resquebrajarse, es ejecutado con la determinación que lo haría en un estreno, con el afán de conseguir un precio justo que la libere de acercarse al pilón o a la yacija que espera en un rincón escondido del almacén.


viernes, 5 de octubre de 2018

Viernes creativos. Elizabeth Opalenik

Este viernes, una Ana Vidal indecisa, no propone esta imagen para crear una historia:
Como no he podido decidirme entre todo el trabajo de esta artista visual, os traigo hoy una imagen y la semana que viene otra de la misma autora: Elizabeth Opalenik, para inspiraros.

La imagen de Elisabetn Opalenik me ha parecido tan inquietante, que me ha salido un cuento bastante oscuro, hasta convertir a este mal hijo en un auténtico parásito...

Elizabeth Opalenik bebé
Elizabeth Opalenik


Parásitos

Te querré siempre madre, como quiere el buitre a la carroña. Necesito el aire oxidado que mana de tu cuerpo nodriza; sentir la llamada de tus pechos repletos de alimento, el olor agrio de la leche, el tacto caliente de tu carne entre mis labios, tus palabras de azúcar.

Te querré siempre madre, como quiere el lagarto el pedernal en el invierno. Necesito el abrigo de tus brazos de seda, el fuego que enciende tus cabellos, el arrullo de tus nanas de turba, tu mirada de sol; sentir el vaho de tu cariño, el cordón de plata que custodia mis pasos más osados, tus besos de lana.

Te querré siempre madre, hasta que el manto de tu piel pierda la frescura, hasta que un halo de ceniza pinte de gris las ondas de tu pelo; hasta que tus piernas, columnas de otro tiempo, necesiten el apoyo de mis brazos. Hasta que encuentre en otra las llamas abruptas del deseo. Te querré siempre madre, hasta que un viento de derrota apague el brillo azul de la prosapia.

jueves, 4 de octubre de 2018

Esta Noche Te Cuento. René Maltête.


Entre el mes de marzo y el de abril, en ENTC nos propusieron esta fotografía de René Maltête, que en principio parecía muy evocadora. Después fue más difícil de lo que parecía salir de ese balcón a pesar de la imagen sugerente de la alfombra. Aunque el final no acababa de convencerme, el relato obtuvo premio y se coló en la lista de los nominados, con opción a repesca para entrar en el libro. 


Ver las imágenes de origen










Ultramarinos

María Micaela Mansuelli aprendió a volar. Desde que empezó a trabajar en casa de los Bonavides, tenía su habitación terminada antes de que despuntara el alba. Después recogía las alfombras del salón de fumar, las de la biblioteca, las del comedor de los señores, las más pequeñas, y las sacudía, una a una, colgadas del barandal de forja del balcón de calle. Subía y bajaba el sacudidor de mimbre con un aleteo armónico, cada vez más rápido. Primero con la derecha; luego con la izquierda. Batía los brazos con la cadencia del oleaje contra la rocalla, con la fuerza que desata la tempestad, con la rabia que provoca la ausencia. Y se elevaba. Por encima de pueblos y ciudades, de bosques y selvas, de picos y cordilleras. Por encima del mar. Hasta alcanzar lugares comunes de otro tiempo, calles que corría cuando niña, no hacía tanto. La casa de su madre, la habitación del fondo en la que durmió un día; en la que esperaba el pequeño Néstor, cada noche, el aliento cálido que terminara de arroparle. Con la última mota de polvo plegaba sus alas y devolvía las alfombras a su sitio, mientras velaba el sueño de su niño.