sábado, 23 de diciembre de 2017

Viernes creativo. Lu Wenpeng


Ana Vidal despide los viernes creativos de este año con una fotografía muy sugerente de Lu Wenpeng, una de las ganadoras de los Siena International Photo Awards 2017.

Paralelismo

Él es grande, fuerte, veloz. Inalcanzable.
Ella le mira desde su piedra de sal avanzar con pasos de gigante. Caminar sobre las aguas embravecidas de mares de tormenta.
Él, en su burbuja, parece no temer a nada ni a nadie. No necesitar estímulos ni asideros. Ni afectos ni verbenas. Solo el viento favorable que acaricia las nubes, el horizonte que parte en dos las niñas de sus ojos. Una meta. Un objetivo.
Ella sopla pompas de jabón desde ventanas de cielo, escucha la rompiente de sus pies contra las olas. Compone versos, salmos, epopeyas. Convoca ejércitos de hormigas, cúmulos de miel, notas de guitarra. Palabras. Y música.
Sus mundos no se cruzan, no se tocan. Permanecen. Juntos. Cerca el uno del otro. Hasta que él se pare. Hasta que ella esquive la mirada.

Podéis leer los demás cuentos de los Viernes creativos pinchado aquí...

Wenpeng Lu Siena awards 2017


domingo, 17 de diciembre de 2017

Viernes creativo. Oymyakon.


Ana Vidal nos vuelve a poner a prueba llevándonos este viernes a Oymyakon, el lugar más frío del mundo. ¿Qué puede ocurrir allí?

Nos invita a dejar una historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde cada uno quiera, el asunto es escribir…


La vuelta

Siguen aquí, con sus mismas ropas, con las mismas ideas, con los mismos recuerdos colgando de un témpano de hielo. Congelados en la misma ciudad de cristal que abandoné aquella madrugada. Anclados en el tiempo, apresados por una calígine de sargazos blancos. Almas en conserva. Efigies que se confunden con los iconos de la revolución. La misma piedra. La misma nieve turbia de siempre. Suspendida copo a copo. Antes de deshacerse en las lenguas perpetuas del invierno. No me reconocen. Ni sienten el calor que avanza conmigo a cada paso. La fiebre extranjera capaz de derretir el bronce. Mejor mirar para otro lado, y esperar a que el viento helado de la noche detenga mi progreso.

Oymyakon



lamicrobiblioteca. Noviembre 2017


Aunque he participado poco en lamicrobiblioteca, es uno de esos concursos que se tienen siempre en el punto de mira, por la calidad de los micros que seleccionan, por entrar en el libro que editan al final de cada temporada, acompañado de tantos microrrelatistas amigos, por tener una excusa para viajar a Barcelona. Quiere esto decir que estoy encantado de que uno de mis micros haya entrado dentro de las deliberaciones para escoger al ganador del mes de noviembre, junto con otros cuentos de Mar Horno, Susana Revuelta y Arantza Portabales. El ganador de este mes ha sido Ezequiel Barranco y su Melónamo. Si pincháis aquí podréis leer los micros de los demás compañeros y trastear por el magnífico blog de lamicrobiblioteca.

Solo me queda agradecerle a Eva García que me diera el soplo, a Susana revuelta que lo publicara en Facebook y a lamicrobiblioteca que se hayan fijado en mi Vendida.

Vendida

La casa lleva cerrada más de tres años. Los pestillos de las ventanas echados, las persianas bajadas hasta el fondo, la puerta sellada con trece puntos de anclaje. Dentro, los muebles están cubiertos con sábanas de un blanco sucio, como fantasmas sorprendidos por una lluvia de polvo. Cuando cada dos o tres meses vuelvo a comprobar si hay novedades, no puedo evitar que, al escuchar el sonido de tanto cerrojo franqueándome la entrada, me invada la sensación de estar profanando un santuario. Me imagino cientos de recuerdos corriendo a esconderse debajo del sofá o en el interior de algún cajón. Me parece escuchar sus voces amortiguadas por el recelo, igual que escuchaba los cuchicheos de las gemelas en las noches de invierno. Todavía puedo sentir sus pasos diminutos y sobresaltados dirigirse hacia la habitación de sus padres para advertirles del peligro; la profundidad de su mirada mientras buscan debajo de las camas y dentro del armario para comprobar que no hay nadie, que no deben tener miedo. Recuerdo su temblor incontrolado y aquel salto al vacío como último recurso, juntas, de la mano, hasta el silencio opaco del asfalto. Ahora, solo deseo conocer a los nuevos propietarios.

Resultado de imagen de  muebles tapados con sábanas
Imagen tomada de la red




domingo, 3 de diciembre de 2017

Viernes creativos. ¡Taxi! de Ryan Weidman

Sesión doble para el estreno de la Levita...

Los Viernes Creativos de Ana Vidal:


Cruce de caminos


Ni siquiera lo hacía por dinero. Había noches que ni le cobraba las tres o cuatro carreras que pudiéramos hacer. Pero aquella chica me producía ternura. A pesar de su descaro. A pesar de su saber desenvolverse con tipos que le doblaban el peso y la edad. Tenía la cara de un ángel y el verbo de un demonio. Tal vez lo hiciera por un equivocado sentimiento de protección, por dar cobijo a aquel ser desamparado que me llegó como caído del cielo. O por mi talante de voyeur. Follamos, claro; más de una vez. Pienso que era su manera de agradecerme lo que nunca tuvo la intención de pagarme con dinero. Aunque yo me sentía pagado con lo que me ofrecía el retrovisor. Con su imagen especular retorciéndose de un placer fingido, pero que a mí me valía. Con sus pechos, todavía incipientes, restregándose contra los mofletes carnosos de sus clientes. Con su mano quitándose los restos de semen de la cara; con sus braguitas de encaje sobre el reposacabezas. Muchos pensaban que yo era su chulo. O que era un padre que se dedicaba a prostituir a su hija. Otros que tal vez fuéramos un par de enamorados obligados a hacer aquello por dinero. Lo cierto es que los dos disfrutábamos con ello. Desde la primera noche; desde que la casualidad le llevó a mi taxi con aquel pardillo. Desde que conectamos nuestras miradas en el espejo. La misma esquina. Siempre. Muchas veces los mismos tipos. Las mismas posturas que me excitaban sin remedio. Estuvimos así, en perfecta simbiosis, hasta que desapareció una madrugada de invierno; en la misma encrucijada.


taxiny culturainquieta1315
Imagen de Ryan Weidman

Esta Noche te Cuento. Seres Mágicos

Reabro la Levita sin estar demasiado convencido, pero con la ilusión de que cada paso debe ser mejor que el anterior, este es el primero. Está todo por medio con páginas a medio hacer y muchas dudas... por favor poneros el casco para evitar accidentes.

Alivios

Cuando tenía mocos o calentura mi madre me subía a ver a la Curiela. Andábamos monte arriba hasta llegar a la antigua paridera del raso. Daba igual la hora que fuera, avisaba a nuestro padre de que salíamos y tiraba de mí hasta alcanzar su destino. Yo pensaba que era por los dos hijos que ya había perdido. O por el valor que cobraban un par de brazos a la hora de la labranza. El caso es que me arrastraba por la vertiente hasta alcanzar aquel chamizo lleno de magia, como si una extraña fiebre la poseyera en verdad a ella. Entrábamos sin llamar, tanto de día como de noche, y nos recibían una serie de estatuillas y fetiches, de amuletos y reliquias que dibujaban, a la luz mortecina de la lumbre, sombras fantasmagóricas sobre las paredes de cal y piedra. Un viento frío la acompañaba cuando aparecía de repente. Joven para vivir tan apartada, guapa a pesar de su aspecto descuidado. Me conducía hasta el chiscón del fondo para aplicar paños calientes con sus manos de seda. Después se retiraba con mamá al lado del fuego y conjuraban la enfermedad con toda suerte de aspavientos y gemidos.

Podéis ver aquí el micro en el blog de ENTC.

*Alivios ha sido seleccionado para formar parte del libro que cada año publica el blog Esta Noche Te Cuento, con los microrrelatos elegidos por los distintos jurados bimensuales, y que en el 2017 llevará el título de aletreos.

Imagen de Jan Saudek




domingo, 15 de enero de 2017

Esta Noche te Cuento. Noviembre/diciembre. Emigración


Acabó el 2017 en Esta Noche te Cuento con el tema de la emigración. Un tema sugerente que se podía abordar desde muchos ángulos. Yo elegí el más cercano, con el que me cruzo cada día en más de una ocasión. Aunque no hay uno solo, este relato sí está inspirado en alguien muy concreto, con el que he hablado en más de una ocasión. Hay muchos más, aparentemente parecidos, pero cada uno con una historia a sus espaldas, y estoy seguro que si alguien llega a leer esta historia pondrá también otras caras, otros super, quizá otras razas, pero siempre la misma lucha, semejante desarraigo. Este es el mío...

El negro del AhorraMas

Su nombre es Mbaye. Cuando está solo deja que golpee las paredes de su cabeza: «Mbaye, Mbaye, Mbaye…». Ya nadie le llama así, ni siquiera en la casa ocupada en la que vive con otros que, como él, tuvieron que abandonar su tierra. Se ha acostumbrado a mentir, a cambiar de nombre y de nacionalidad, a inventar parientes y profesiones, a decir que está bien mientras la pena avanza despacio y en silencio dentro de sus tripas. «Mbaye, Mbaye, Mbaye…», rebota de la sien a la nuca, de la frente a la coronilla, igual que aquel balón, repleto de cicatrices de bramante, que chutaba con sus amigos contra la cerca del protectorado. Después la guerra. Muchos cambiaron el balón por un machete, los juegos por pistolas. A los más grandes les armaron con fusiles y tacharon la palabra amigo de su vocabulario. No quedaron más salidas que el ultraje, el éxodo o la muerte.

Mbaye ofrece la palma de su mano y su sonrisa a quien se acerca al súper. Contrasta su blancura con lo negro de su piel, con la sombría gravedad de su añoranza, con el incierto futuro que en forma de calderilla alcanza sus bolsillos.

Scan
Ilustración de Paloma Hidalgo