domingo, 7 de octubre de 2018

Esta Noche Te Cuento. Annie Leibovitz.


Esta fotografía que hizo Annie Leibovitz de Cate Blanchet, es el detonante para los relatos que  propuso ENTC para el mes de mayo pasado. Me gustó inventar una historia sobre el retrato de esta excelente actriz, quizá no estuve demasiado sembrado, quizá caminé por lugares demasiado comunes, quizá por eso no obtuve ni un solo comentario. El caso es que a mí, el relato, me dejó satisfecho, al menos en parte. Nunca te quedas del todo conforme con ninguno de tus relatos. A mí al menos así me pasa. 






































La puerta de atrás 

Antes de que salga el marmitón, Cate ensaya sus mejores muecas, como había aprendido en The sistem, la academia de interpretación en la que estudiaba el método Stanislavsky, cuando todavía podía pagarla. Consciente de que su actuación no provocará ningún aplauso ni levantará a los espectadores de sus asientos, concentra sus esfuerzos en ablandar el corazón del aprendiz de turno. De ello depende que tenga que hurgar en los contenedores, como todos los demás, o que le hagan pasar a la parte de atrás de la cocina. Cada gesto, cada movimiento, cada ademán está preparado, con el esmero de una prima donna, para provocar la compasión de su ínfimo auditorio. Hasta el último puchero una vez dentro, con el hambre satisfecha y la autoestima a punto de resquebrajarse, es ejecutado con la determinación que lo haría en un estreno, con el afán de conseguir un precio justo que la libere de acercarse al pilón o a la yacija que espera en un rincón escondido del almacén.


viernes, 5 de octubre de 2018

Viernes creativos. Elizabeth Opalenik

Este viernes, una Ana Vidal indecisa, no propone esta imagen para crear una historia:
Como no he podido decidirme entre todo el trabajo de esta artista visual, os traigo hoy una imagen y la semana que viene otra de la misma autora: Elizabeth Opalenik, para inspiraros.

La imagen de Elisabetn Opalenik me ha parecido tan inquietante, que me ha salido un cuento bastante oscuro, hasta convertir a este mal hijo en un auténtico parásito...

Elizabeth Opalenik bebé
Elizabeth Opalenik


Parásitos

Te querré siempre madre, como quiere el buitre a la carroña. Necesito el aire oxidado que mana de tu cuerpo nodriza; sentir la llamada de tus pechos repletos de alimento, el olor agrio de la leche, el tacto caliente de tu carne entre mis labios, tus palabras de azúcar.

Te querré siempre madre, como quiere el lagarto el pedernal en el invierno. Necesito el abrigo de tus brazos de seda, el fuego que enciende tus cabellos, el arrullo de tus nanas de turba, tu mirada de sol; sentir el vaho de tu cariño, el cordón de plata que custodia mis pasos más osados, tus besos de lana.

Te querré siempre madre, hasta que el manto de tu piel pierda la frescura, hasta que un halo de ceniza pinte de gris las ondas de tu pelo; hasta que tus piernas, columnas de otro tiempo, necesiten el apoyo de mis brazos. Hasta que encuentre en otra las llamas abruptas del deseo. Te querré siempre madre, hasta que un viento de derrota apague el brillo azul de la prosapia.

jueves, 4 de octubre de 2018

Esta Noche Te Cuento. René Maltête.


Entre el mes de marzo y el de abril, en ENTC nos propusieron esta fotografía de René Maltête, que en principio parecía muy evocadora. Después fue más difícil de lo que parecía salir de ese balcón a pesar de la imagen sugerente de la alfombra. Aunque el final no acababa de convencerme, el relato obtuvo premio y se coló en la lista de los nominados, con opción a repesca para entrar en el libro. 


Ver las imágenes de origen










Ultramarinos

María Micaela Mansuelli aprendió a volar. Desde que empezó a trabajar en casa de los Bonavides, tenía su habitación terminada antes de que despuntara el alba. Después recogía las alfombras del salón de fumar, las de la biblioteca, las del comedor de los señores, las más pequeñas, y las sacudía, una a una, colgadas del barandal de forja del balcón de calle. Subía y bajaba el sacudidor de mimbre con un aleteo armónico, cada vez más rápido. Primero con la derecha; luego con la izquierda. Batía los brazos con la cadencia del oleaje contra la rocalla, con la fuerza que desata la tempestad, con la rabia que provoca la ausencia. Y se elevaba. Por encima de pueblos y ciudades, de bosques y selvas, de picos y cordilleras. Por encima del mar. Hasta alcanzar lugares comunes de otro tiempo, calles que corría cuando niña, no hacía tanto. La casa de su madre, la habitación del fondo en la que durmió un día; en la que esperaba el pequeño Néstor, cada noche, el aliento cálido que terminara de arroparle. Con la última mota de polvo plegaba sus alas y devolvía las alfombras a su sitio, mientras velaba el sueño de su niño.



lunes, 1 de octubre de 2018

Festival de la palabra en Garafría. Cartas de amor.



El sábado 29, Ana Vidal se fue con su Olimpia de toda la vida al Festival de la palabra en Garafría, en la isla de La Palma. Dos días antes lanzó a las redes un aviso para navegantes. Se requerían cartas de amor para que participaran de alguna manera en ese festival. Además de las cartas que escribirían en directo aquellos que se animaran y la propia Ana. Yo procuro participar en cualquier evento en el que esté involucrada Ana Vidal, porque ella, queriendo o sin querer, le da a todo un brillo especial, incluso a aquello que tal vez ni siquiera lo tenga. Esta fue mi apuesta, y seguro que pasado por su rutilante tamiz, una luz especial se apoderó de él. 


La imagen puede contener: interior



Balduque, 2 del 2 del 2222
Te vi, y aún te espero. Te vi por última vez detrás del fieltro negro del ilusionista. Te vi mujer de lentejuelas, de seda argéntea, brillar en bambalinas. Te vi encerrada en aquel cajón angosto, bailar tus miembros de uno a otro lado sin ver jamás que perdieras la sonrisa. Te vi mujer rompecabezas, hecha pedazos en los dados falsos de un feriante de segunda. Te vi desafiar las leyes de la física, desde la butaca espía que pagaba en el gallinero de cada pueblo que recorría vuestra troupe; flotar cubierta por un manto de franela en el aire viciado del teatro. Elevarte sobre el humo grisáceo del tabaco y el polvo del camino, sacado a la palestra por los haces de luz que rompían la penumbra. Te vi aparecer en cada sueño y desaparecer después llevada por un viento helado al rincón donde se esconden los deseos, al otro lado del mundo. Tan lejos que nunca pude tocarte con los dedos ni besar los labios dorados con los que lanzabas besos al público anónimo y remoto. Te vi en la nada, en ese instante invisible en el que no existe la materia, pedir auxilio para sacar tu cuerpo de paloma de aquella jaula de mentiras. Te vi, mujer de alas blancas, y aún te espero, entre las ramas perdidas de un árbol cualquiera en un bosque de Ávalon. Te vi en los versos apócrifos de un poeta de entreguerras, en el hechizo gastado de una celestina de opereta. Te vi, y aún te espero, en esta cárcel de amor que forja sin barrotes la esperanza. 

Si algún día convirtiera esta carta en un microrrelato lo titularía:
La mujer del mago




domingo, 30 de septiembre de 2018

Esta noche te cuento. Tom Waterhouse

Ahora que parece que he cogido ritmo con las publicaciones en el blog, aprovecho para volver a compartir los relatos que surgen a las propuestas que desde Esta Noche Te Cuentos, lanza Juan Morán, desde su cuartel general en Cantabria, cada mes o mes y medio aproximadamente. Está fotografía, La sombra, de Tom Waterhouse, es la que sirve de inspiración y la que me dio la oportunidad, tenía muchas ganas, de meter a Banksy en un relato.

La sombra de Tom Waterhouse

Street art

Ayer soñé con Banksy. Fue un sueño repentino, fugaz, traicionero. Me quedé dormido en un restaurante del centro, un instante, entre la comanda y el primer plato. No sabría precisar si me despertó el camarero con su llegada o si fue el aroma de la sopa el que me devolvió a la vigilia. Levanté la vista, parapetado tras el vaho de crustáceos que subía desde el plato, por si descubría, desde las otras mesas, miradas indiscretas o socarronas que se regocijasen a costa de mi ocasional desliz. Nada. Ni siquiera un comentario mordaz o una sonrisa pícara que indicaran que había sido descubierto por quien acababa de servirme. La merluza en salsa verde llegó enseguida y nada más dar cuenta de ella, el flan de la casa se encontraba bailando en mi presencia. Es probable que los responsables del restaurante hubieran decidido que mis ronquidos perjudicarían su negocio, o simplemente quisieran dejar mesas libres para los clientes que esperaban en la barra. Así que pagué y me fui enseguida. Llovía. Abrí el paraguas. Yo también estaba deseando salir a estrenar el espray negro, el que había comprado para pintar la baranda del balcón, sobre las paredes mojadas de la ciudad.


sábado, 29 de septiembre de 2018

XII Edición de relatos en cadena. Septiembre. Episodio III.

Una mala semana, solo un micro de los tres que había prometido. Se ve que las musas se habían ido de vacaciones, algo que en el plano creativo es nefasto. Si a eso le sumamos que han sido días de mucho trabajo y que el tiempo se ha visto reducido a casi nada, el resultado no puede ser más que el que ha sido. Una lástima, porque estaba muy ilusionado con la frase de Eva García. Por cierto no os perdáis su blog, merece la pena dar un paseo por los muchos relatos que allí os esperan. La última ganadora de septiembre ha sido Paula Palacios con Un regalo del cielo. Han sido finalistas Esperanza Tirado con Despedida, que a mí es el que más me ha gustado, y Yolanda Nava con El monstruo. Para la final mensual se postulas los ganadores de las tres semanas de septiembre, Alberto García con Gemelas, Eva García con Ecos y Paula Palacios con Un regalo del cielo. Yo he votado por Eva, honradamente pienso que es el mejor, pero si no lo fuera es muy posible que le votara igual, porque se lo merece y porque Eva es mi amiga, y al final, cuando se las votaciones se hacen populares, es lo que votamos todos. 

Aquí os dejo mi micro, basado en hechos reales, aunque cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Los condenados de la tierra. Oswaldo Gauayasamín

La partida

Acercándose un poquito más al barranco donde se esconde la carnaza que llega desde el muladar, asoma su despoblada cabeza. Otea desde la escarpadura las escaramuzas de ratones y lagartos, el ajetreo de zorros y tejones, el revoloteo de avispas y moscardoas. Espera hasta que los cueros se resquebrajan, las carnes se ablandan, las tripas se descomponen. Hasta que los buitres que ve enfrente del abismo remontan el vuelo, planean en círculo hasta el valle y picotean, con voracidad ancestral, los despojos que yacen allí. Después vuelve a casa, mientras repasa de memoria los motivos por los que su mujer ha cruzado el charco, para volver con los suyos.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Viernes creativo de Ana Vidal. Luka Khabelashvili.


Este viernes, Ana Vidal, nos propone desarrollar un historia a partir de esta fotografía de Luka Khabelashvili.

Luka Khabelashvili



Impresión

Giselle tiene los pies de barro, la piel trigueña y un resplandor en la mirada capaz de helar la sonrisa más sincera. Giselle recorre al alba los campos labrados de Shambala. Se apodera del púrpura de los primeros rayos que arroja el sol a la mañana. Después levanta el vuelo para cubrir de sangre los campos de batalla. Su aliento escarlata agosta los cultivos, tiñe de rojo las aguas de los ríos, satura de grana la paleta de un pintor impresionista para el que posa, como una diosa arrojada de su templo, en un estudio de Montmartre.