martes, 21 de junio de 2016

Relatos En Cadena. Semana 33


Ha sido un buen año para el concurso Relatos en cadena de la cadena SER, muy buenos micros y eliminatorias muy reñidas. En lo personal un año flojo, he escrito poco y lo que he escrito no ha gustado. Otra vez será, pero hay que espabilarse si de verdad se quiere estar en la final. Como muestra de este micro de la semana 33, en la que ganó Marta García Valdés con su micro Rumores y estuvieron acompañándola Manuel Montesinos y Jose Manuel Dórrego con Astronauta por vocación y Sujeto, verbo y predicado respectivamente, podréis leerlos pinchando aquí...


Más que palabras

Cuelgan de las cuerdas de la del quinto las más gruesas. Otras se quedan enganchadas en las persianas de doña Puri antes de caer definitivamente al suelo o en el armario que Jacinto, el carpintero, se ha fabricado en la terraza para guardar las herramientas. Algunas mariposean divertidas entre los geranios de los Rosado y salen volando en dirección al bloque de enfrente. A mí estas son las que más me escuecen, porque llegan hasta los oídos de Margarita que luego, nada más verme, me restriega cuanto se quieren sus padres y la de cosas bonitas que les escucha decirse cuando se acuestan y, sin querer, dejan la puerta abierta.


https://moni0123.wordpress.com/2012/08/20/caligrama-aire/
Imagen tomada de Abriendo la caja de Pandora a través de Pintarest
 

lunes, 20 de junio de 2016

PRIMAVERA DE MICRORRELATOS INDIGNADOS 2016 (REFUGIADOS)

Después de casi siete meses merece la pena volver a escribir en el blog por esta iniciativa de Miguel Torija en su blog La colina naranja. Esta es mi modesta pero comprometida aportación. Nos vemos en la alambrada.


PARTICIPA EN LA PRIMAVERA DE MICRORRELATOS INDIGNADOS



Jaulas

Wael corre, salta, esquiva las alfombras colocadas para la oración. La mayoría aún conserva la fe, lo único que en realidad les queda. Lo demás va cayendo del cielo como un maná infinito que inunda la desgracia atemporal de los desplazados: las prendas que arropan su pudor y los protegen del frío de la aurora; el pan y el agua, el trigo y la fruta. El lecho irregular de mantas y de harapos, refugio de sueños y desvelos, de esperanzas y de miedos. Wael, sin alejarse demasiado de su padre que controla con eficaz mirada tan milagrosa energía, busca a otros niños. Busca en ellos los ojos oscuros de quien hasta no hace tanto fue su espejo. Busca la mano de Adib, la que le enseño a moverse por las calles de Alepo, la que le conducía a diario a los brazos de su madre, convertida, también ahora, en un rumor lejano que susurra cada noche en sus oídos la música de la rompiente. Wael escucha y mira, mira a través de rombos de alambre todo lo que le es negado, igual que veíamos los niños de mi generación, a hurtadillas desde el pasillo, un beso en blanco negro entre los rombos de la censura. Wael escucha al otro lado el canto de los pájaros y piensa que él también, algún día, será libre.

martes, 24 de noviembre de 2015

Relatos en cadena. Semana 10.


Los finalistas de esta semana han sido Patricia Collazo con Auténtico terror, José Manuel Dorrego con Psicosis y Javier Palanca con En la boca no, que se llevó el gato al agua. Podéis leerlos todos en este enlace

Esto es todo lo que pude imaginar...



Volare

Abandonan, primero uno y luego el otro, la habitación del hotel. Jon titubea un poco y tarda más en saltar. A pesar de todo, ya en la caída, adelanta a Marc —tiene un problema de sobrepeso desde siempre— y es el primero en despanzurrarse contra el suelo, sin haber cesado, ni un instante, en su inútil aletear de brazos. Marc enseguida pierde la fe y deja de intentarlo. Se abandona y cae a plomo. Los dos componen sobre el asfalto un lienzo de color. Trágico, pero no exento de belleza. Yo sobre el alfeizar siento qué no seré capaz. Son ellos quienes pretenden aprender a volar, yo solo su humilde coach.

imagen de brohug.blogspot.com

sábado, 21 de noviembre de 2015

Viernes creativo. Señorita Eme Fotografía

Fernando Vicente nos presenta a la Señorita Eme. No sé por qué ha salido de casa con tanta prisa. ¿Lo sabes tú?
Esa es su propuesta para este Viernes creativo, que a mí me ha sugerido este hiperbreve...

Ingrávidos

De no haber sido por aquel globo que se le escapó por la ventana, no habríamos descubierto que no podía volar.

He salido por la ventana


jueves, 12 de noviembre de 2015

IV Concurso de Microrrelatos Leonardo Barriada.



Hace unos meses participé en el IV Concurso de Microrrelantos Leonardo Barriada, que organiza la Asociación Félix de Martino de Soto de Sajambre, en la que colabora de manera intensa mi amiga Esperanza Temprano. Tuve el inmenso orgullo de ver mi nombre entre los diez finalistas, rodeado de grandes escritores como Paloma Hidalgo, Manuel Montesinos, Claudia Toruño, Mei Morán, Sergio Iglesias, María Fraile, Miguelángel Flores, Luis San José, que recibió el segundo premio con Talión y Yolanda Nava que se llevó el gato al agua con su Viento del Sur. Enhorabuena a todos, pero sobre todo a quienes se alzaron con el triunfo final.

Podéis leer y escuchar en la maravillosa voz de Mar González los diez cuentos finalistas en este enlace.


Concurso Relatos Breves


El guía


El grito del arrendajo siempre asusta a los excursionistas. Grave, bronco y por sorpresa, se expande entre pinos y quejigos. Los agranda, los retuerce y consigue que, la poca luz que penetra entre sus copas, les dé un aire tenebroso. Entonces aprovecho yo para lanzar mis historias de miedo. Intensifico la profundidad de mi voz,  detengo su cadencia; Esto provoca su silencio, entrecorta sus respiraciones, eriza los poros de su piel. Entonces cada sombra cobra sospecha; cualquier rama quebrada produce sobresaltos; la brisa en las ramas simula lamentos; el sonido de sus propias pisadas les acobarda. Siembro semillas de espanto a medida que avanzamos. Leyendas de niños desaparecidos, de lobos hambrientos, de jóvenes desaparecidas. Les hablo de espíritus de represaliados que fueron enterrados en la espesura del bosque, de asesinos que se esconden allí de la justicia. Les cuento que hay brujas ocultas, duendes burlones, que cientos de ojos nos observan. El caminos se estrecha cada vez más y la vegetación se agranda. Hacemos un alto, les miro. Les digo que falta uno, que me esperen allí, que no se muevan, que no separen, que vuelvo enseguida. Y mientras me alejo el olor a pánico que desprenden estimula mi hocico


Resultado de imagen de bosques terrorificos



miércoles, 11 de noviembre de 2015

IX Edición de Relatos En Cadena. Semana 8.


Esta semana tres auténticos ases en la final semanal de Relatos En Cadena: Lorenzo Rubio con El día de mañana, Yolanda Nava y su Aniversario, y quien al final se llevó el gato al agua, Susana Revuelta con A salvo. Podéis leer los tres pinchando aquí...
                             





Noche de autos

Salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos. Cierran la puerta sin hacer ruido. El último beso sobre sus mejillas sabe a derrota. Se miran a los ojos para confirmar que deben seguir adelante, ahora sí. No hay marcha atrás. Ella disuelve las pastillas en un vaso de leche. Él prefiere el whisky para abordar este último trago. De la mano se dirigen hasta la cama. Allí se acuestan juntos sin ni siquiera abrirla. Y esperan. Nadie les va a hacer que abandonen su casa.


Sam Hessamian :: Faces:
Faces de Sam Hessamian

viernes, 30 de octubre de 2015

El bic naranja. Viernes creativo.


Esta es la propuesta para hoy de Fernando Vicente:

Seguro que hoy esperabais que presentáramos una imagen terrorífica, pero os proponemos construir vuestras historias a partir de una foto casi bucólica de Rodney Smith.


Yo he intentado dar un poco de miedo, no demasiado, a ver si lo he conseguido...

Caza Mayor

Cuando abatimos al cartero, nos prohibieron salir de cacería. Antes, para que su muerte no hubiera resultado inútil, enterramos su cuerpo al lado de una encina. Desmontamos la bicicleta con la que hacía el reparto y la arrojamos al lago, pieza a pieza, con la fuerza de dos cíclopes. Nos enternecimos con la lectura de algunas de las cartas que no pudo entregar y descubrimos, en otras, secretos que hubieran hecho sonrojar a sus destinatarios de haber sabido que habían sido vulnerados. Todas sin remedio fueron pasto de las llamas que anidaban en nuestra chimenea, aunque algunas, todavía hoy, permanecen en nuestra memoria. Todas menos una, pero eso entonces yo no lo sabía. Ante la desaparición del funcionario, la policía hizo pocas preguntas y, terminadas las pesquisas, concluyeron que lo más probable es que hubiera huido con una mulata de ultramar con la que mantenía una correspondencia clandestina. A salvo se sospechas, mamá ordenó que todos los rifles y demás  armas de fuego de nuestra casa, permanecieran bajo llave y nos comunicó que ella personalmente se haría cargo de su custodia. Desde entonces papá permanecía triste y abatido. Si le proponía algún juego siempre decía que no, y solo le apetecía jugar al ajedrez. Pasaba mucho rato ensimismado entre cada movimiento, hasta el punto de que si me iba a la cocina o a tirar piedras al lago o a revolver los cajones de las habitaciones, al regresar todavía no había movido ninguna ficha. Fruto de una de estas incursiones encontré una misteriosa carta que papá escondía en el fondo de uno de los cajones de la mesa de su despacho. Dirigida a mi madre, la firmaba alguien con un nombre que me resultaba desconocido. Decía cosas muy bonitas y le llamaba «amor mío». Hablaba de cuanto la echaba de menos y de las ganas que tenía de volver a verla. Escuché la puerta. Era papá. Escondí la carta con torpeza, me creí sorprendido. Sin embargo un brillo casi olvidado iluminaba sus ojos. Me agarró de la mano y corrimos. Decía entusiasmado que volveríamos a cazar. Recuperamos los trajes blancos de montería y los salacots que habíamos guardado en el armario del recibidor y rescatamos dos cazamariposas que había descubierto en un baúl olvidado del desván. Me contó que a partir de ahora solo cazaríamos mariposas, que las conservaríamos escondidas en el invernadero y que cuando tuviéramos suficientes aprovecharíamos que mamá estuviera dormida para devolverlas a su estómago, para restituir aquel enjambre que, cuando empezaron a enamorarse, confesaba que sentía aletear en su interior. Eso o forzar la cerradura de la armería.